juan antonio bermudez
Juan Antonio Bermúdez

El ciclo Los Oficios del Cine nos está permitiendo conocer de cerca el trabajo de profesionales de primerísimo nivel, como es ahora el caso de Daniel de Zayas. El martes 12 de junio celebraremos la quinta sesión de esta actividad organizada por Filmand y la Fundación Cajasol, que estará dedicada al departamento de sonido, y este especialista en ese área, ganador del Goya por Tres días (2009) y nominado en otras cuatro ocasiones, será uno de los invitados, junto a Coco Gollonet y Jorge Marín. La inscripción para Los Oficios del Cine V. Sonido puede hacerse a través de este formulario.

De Zayas es ya, pese a su juventud, un nombre clásico en los créditos del cine andaluz y español. Fijo en los equipos del director Alberto Rodríguez desde sus primeros cortometrajes hasta la serie La Peste (pasando por sus cintas más renombradas, Grupo 7, La isla mínima o El hombre de las mil caras), ha trabajado también con muchos otros directores en títulos muy destacados de la última década: Juan de los Muertos (Alejandro Brugués, 2012), Carmina o revienta (Paco León, 2012), Magical Girl (Carlos Vermut, 2014), El autor (Manuel Martín Cuenca, 2017) o Quién te cantará (Carlos Vermut) son solo algunos de ellos.

 
Dentro de todas las tareas que hay en el departamento de sonido, ¿te has especializado en alguna?

Mi especialización es el sonido directo. Cuando empecé en el audiovisual, hice también postproducción pero entendí que donde me defendía bien era en el set.

Ya que citas esos comienzos, ¿cómo fueron?, ¿cómo empezaste a trabajar en el audiovisual y concretamente en el área de sonido?

Comencé haciendo cortometrajes con un grupo de amigos que entraron en la primera promoción de Ciencias de la Información de la Universidad de Sevilla. Entre ellos Ana Rosa Diego, Alberto Rodríguez, Paco Baños, Mariano Agudo, etc. Todos/as, ahora, grandes directores/as. Rodando esos cortometrajes y pasando por los distintos departamentos, fuimos formándonos y aprendiendo una profesión. Yo pronto me decanté por el sonido. También hay que comentar que si teníamos poca idea del audiovisual en general, el sonido nos era totalmente ajeno. Yo fui el inconsciente que tiré por ahí con muy poco conocimiento del tema. La primera oportunidad de trabajar en una película vino de la mano de Pilar Távora con Yerma. Allí trabajé con Jorge Marín a los mandos.

¿Con qué personas de otros departamentos debes coordinarte de forma más directa en tu trabajo?

Siempre he comentado que el departamento de sonido es el departamento más dependiente del equipo. Necesitamos la cooperación, por ejemplo, de producción para cortar calles y ruidos molestos, dirección para que la “coreografía” de la figuración no haga mucho ruido, vestuario para que nos ayude a ocultar micrófonos, etc. Por todo ello, una
parte fundamental del día a día en mi oficio consiste en conseguir que cada miembro del equipo técnico de los distintos departamentos empatice y se implique en conseguir buenas condiciones para el sonido.

¿Crees que el trabajo de sonido en general está tan reconocido como el de otros departamentos del  audiovisual por parte de la crítica, los premios y los espectadores?

Una de las cosas que más me choca es la poco cultura auditiva que tenemos, mientras que la visual la tenemos muy potenciada. Por norma general la gente no aprecia un buen sonido. Incluso dentro de la profesión sólo se percatan cuando es un sonido verdaderamente efectista. Hace poco, la gente me hablaba con entusiasmo del sonido de la película Dunkerke de Chirstopher Nolan. Parece que para que alguien aprecie el sonido, el ruido ensordecedor
de un biplano te tiene que empotrar en la butaca del cine. Ahora… cuando tiene problemas de sonido la película, eso sí que lo captan. Con respecto a los premios no es una cosa que me preocupe mucho. Cuando recibo algún premio me da mucho subidón y el no ganarlos… bueno, casi todo el mundo trabaja fuera del audiovisual dejándose la piel y no recibe ningún premio.

¿Ha cambiado mucho la captación de sonido directo con las nuevas tecnologías? En el cine actual ¿se confía más en que la postproducción solucione los posibles problemas de la captación de sonido directo o se sustituye más la captación directa de muchos elementos de la banda sonora por su recreación en estudio?

En el sonido directo el gran cambio ha sido trabajar con multipistas. Ha sido nuestra pequeña revolución. Podemos trabajar con muchas pistas y añadir micrófonos. La microfonía en sí no ha variado mucho. Seguimos usando micrófonos que se usaban en los años 70. El cambio más notable lo aprecio en la postproducción, con la revolución del digital, sí que he notado que se puede recuperar mucho más sonido directo, con nuevos programas y plugins.

¿De qué trabajos te sientes especialmente orgulloso a lo largo de tu carrera?
Con el sonido directo, en particular, con After, de Alberto Rodríguez. La captación del sonido creo que forma parte fundamental de la narrativa de la película. En mi opinión, en pocas películas te crees de verdad que estás metido en una discoteca como en After. Y con el sonido en global me quedo con La isla mínima. Creo que tiene una banda de
sonido espectacular. Donde no sabes qué es sonido directo, efectos de sonido y música. Está entrelazada magistralmente por Pelayo Gutierrez, Nacho Royo, Julio de la Rosa y todo el equipo de postproducción. La atmósfera sonora conseguida en esta película es muy especial.

¿Qué película o serie recomendarías especialmente por su tratamiento del sonido?

Yo siempre recomiendo la película Una historia verdadera, dirigida por David Lynch en 1999, por su
sutileza y gusto.

Y para terminar ¿qué le recomendarías a alguien que quiera dedicarse profesionalmente al audiovisual y de
forma específica trabajar en el área de sonido?

Tener vocación. El sonido directo te puede dar alegrías pero también mucha frustración. ¡Hay mucho ruido y caos ahí fuera!

 

 


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