Repasamos algunos de los títulos que el Festival de Cine de Autor de Barcelona ha seleccionado para que luzcan las singulares habilidades de nuestros cineastas emergentes y que podemos disfrutar en Filmin

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8 May 2020
Víctor Esquirol

Mi intención inicial con respecto a la #CuarentenaDeCine y la edición de este año del Festival Internacional de Cine de Autor de Barcelona era solventar el asunto con una batería de recomendaciones que nos sirviera para situarnos en la selección de las obras que compondrían el nuevo cartel del D’A.

Lo que pasó (y esto lo vi claro solo con el primer vistazo a la programación de dicho certamen) es que con una sola tanda no sería suficiente. Una vez más, el corte final de películas es tan potente, que en efecto, va a faltar tiempo para descubrirlas todas.

Y como sucede con todas las demás grandes celebraciones cinéfilas, esta frustración que surge de las limitaciones humanas (una vez más: no nos alcanzan las horas para verlo todo) no dejan de ser el resultado directo de una excelente labor previa de programación. De modo que aquí estoy, pegado otra vez a la pantalla del ordenador.

Aprovechando cual poseso los últimos días de festival online (recuerdo que este año, debido a la crisis del coronavirus, el D’A se celebra de forma virtual en la plataforma Filmin), pero también volcándome en una segunda ronda de recomendaciones que estará dedicada a los productos nacionales.

No por ningún sistema de cuotas (auto-)impuesto, sino por lo que apuntaba antes: el altísimo nivel al que está rindiendo un ecosistema fílmico que nos habla, con pleno orgullo, del excelente estado de forma de un talento emergente (“el nuestro”) que reclama para sí mismo el futuro… dibujándolo de paso como la más dulce de las promesas.

En este sentido, la sección Un Impulso Colectivo (tanto en su formato largo como en el corto) está volviendo a lucir como un portentoso faro del cine independiente español. De aquellos trabajos que saben existir al margen de las modas y/o las necesidades de la industria.

Por ejemplo, ahí encontramos Los páramos, carta de presentación de Jaime Puertas, proyecto de final de carrera que, en realidad, parece la obra de un director consagrado; en esa plenitud que solo puede surgir del dominio total de las propias facultades como artista.

Se trata de una pieza de apenas cuarenta minutos de duración, que transcurre mayormente bañada en una luz rosada mágica, que no se sabe del todo bien si pertenece al amanecer o, al contrario, al crepúsculo. Este sobresaliente trabajo fotográfico se ve correspondido por el extraño pero a la vez híper-sugerente tratamiento de una historia que decididamente se mueve con suma habilidad en lo fronterizo.

La premisa inicial consiste en seguir el día a día de una mujer en un principio definida por su condición de gitana y de madre de familia… Pero en realidad, de lo que se trata aquí es de adentrarnos en otra dimensión. De repente, el drama social arde, y sus cenizas nos sitúan en una esfera donde el fantástico se reivindica como la única manera para abrazar un misterio insondable (¿que nos habla de una persona, o a lo mejor de un pueblo entero?), que más que se ser entendido, pide ser abrazado. Por su parte, Pablo García Canga nos ha traído La nuit d’avant, corto que a lo largo de poco más de quince minutos nos sitúa en la angustiosa y algo claustrofóbica incertidumbre de una relación que da señales de estar desintegrándose.

La mirada perdida de Maud Wyler en una noche urbana desasosegante conecta telefónicamente con otra persona distante en todos los sentidos. Lo que les une es un evidente vínculo afectivo que se tambalea. Esto, y el recuerdo fresco (pero al mismo tiempo lejano) de El reloj, clásico de Vincente Minnelli de 1945 que se comenta de forma detallada… y que de alguna manera sirve para trazar una escalofriante línea evolutiva histórica, concerniendo las relaciones de pareja, y cómo el espacio que habitan y las dinámicas sociales que les toca asimilar, condicionan irremediablemente su destino.

La educación sentimental: inspirado collage

Una temática similar es la que aborda Jorge Juárez en La educación sentimental, inspirado collage de formatos (entre el documental y el vídeo-diario más personal) que se descubre, pincelada a pincelada, como la clarividente crónica de un momento histórico crucial. La película es, al fin y al cabo, un relato que surge de esa gran sacudida. Una especia de réplica(s) al seísmo provocado por la crisis financiera (y política, y social…) de 2008.

La gracia es que el contexto es prácticamente una excusa; una plataforma de despegue para una serie de reflexiones que, con total libertad (y aún más coherencia) nos hacen volar sobre todo lo que parece que más importa en esta vida: la familia, la pareja, el choque entre lo antiguo y lo moderno, la sobredosis de estímulos en la que se desarrolla nuestro día a día, el cine…

As mortes: un thriller rural

En las antípodas de este virtuosismo reflexivo, aunque tocando también algunos de los temas propuestos por Jorge Juárez, encontramos As Mortes, de Cristóbal Arteaga, un thriller rural que nos mete de lleno en el corazón de Galicia, en un pueblo cuyo ecosistema social va a entenderse a partir de diversos estallidos de violencia más o menos letal, y que serán siempre la consecuencia directa de una serie de problemas (de tensiones, de rencores…) enquistados a lo largo del tiempo.

Apoyándose en un blanco y negro y un lenguaje cinematográfico igualmente austeros, el director y guionista nos va poniendo en el terrible contexto de una comunidad empeñada en ocultar sus miserias de puertas para adentro… y en permitir que la muerte (en singular o plural) defina su vida.

Girant per Sant Antoni: un negocio macabro

Con un espíritu dicotómico similar llega Pere Alberó en Girant per Sant Antoni. Este documental que perfectamente se podría enmarcar dentro de la escuela de Frederick Wiseman, es un recorrido temporal por la transformación de un barrio barcelonés (el que pone título a la propuesta) a partir de la remodelación de su emblemático mercado.

El interés está, a priori, en la referencia citada: en la conciencia de que todo objeto de estudio complejo está compuesto por una multiplicidad de capas, y que lo único que se puede hacer para entenderlo, es abordar cada una de ellas.

Pero a posteriori, queda la valentía de quien no se priva de señalar que detrás de toda construcción arquitectónica acostumbra a haber destrucción humana. El lavado de cara urbano como puerta abierta al negocio macabro de la especulación inmobiliaria.

My Mexican Bretzel: objeto encontrado

El D’A nos enseña pues a desconfiar de la fachada de los edificios; de una imagen superficial detrás de la cual acecha una verdad por lo menos incómoda. Este concepto tiene seguramente su eclosión definitiva en My Mexican Bretzel, interesantísima narración found footage a manos de Núria Giménez.

La directora reivindica dicho oficio a través de un muy estimulante uso del material ajeno; de una colección de vídeos caseros filmados entre las décadas de los 40 y de los 60 a los que ella pone voz mediante un intrigante uso tanto del subtitulado como de los efectos de sonido. Recursos visuales y auditivos que más que dar sentido literal a las imágenes, nos hacen reflexionar sobre su veracidad… y ya puestos, sobre su legitimidad.

Así, lo que tenía apariencia de diario íntimo con empaque melodramático, se descubre poco a poco como un certero estudio sobre las falsas apariencias. O sea, sobre la mentira. Sobre sus implicaciones; sobre su omnipresencia en nuestra existencia.

Leyenda dorada: delirios religiosos

Esta sensación reproducen, aunque con herramientas totalmente distintas, Chema García Ibarra y Ion De Sosa en el cortometraje Leyenda dorada, un impresionante popurrí de postales costumbristas ambientadas en el tan reconocible marco de una piscina municipal.

En una soleada y calurosa tarde de verano, se suceden escenas típicas de este escenario, pero de nuevo, a medida que va avanzando la película, el ambiente general se va enrareciendo. Cuando nos hemos dado cuenta, la ciencia-ficción y los delirios religiosos han tomado posesión de una realidad que parece estar a años luz de nuestro planeta.

Burnin’ Percebes: marcianada literal

Espíritu marciano que nos invita a ver el mundo con otros ojos, como de hecho sucede en La reina de los lagartos, del colectivo Burnin’ Percebes, divertida mezcla de géneros en la que las proporciones aparentemente irreconciliables de Bruna Cusí y Javier Botet se juntan para que la “dramedia” romántica mute en relato fantástico sobre una invasión alienígena a la Tierra.

Y como antes, todo tiene la gracia de presentarse en escenarios y situaciones que podemos relacionar tan fácilmente con nuestra cotidianidad (la de antes de la crisis del coronavirus), que por ende se produce un extrañamiento siempre a caballo entre el escalofrío y la risa (¿nerviosa?).

Una vez más: una propuesta irresistible

Por último, y de vuelta al hogar, se nos presenta una ocasión inmejorable (dadas las circunstancias) para recuperar Una vez más, de Guillermo Rojas, un muy agradable paseo por las calles de Sevilla con el pretexto de un reencuentro amoroso. Aire para el confinamiento.

Aquí las imágenes, la música y las interpretaciones no engañan a nadie, pues quieren mostrarse tal y como son. Esto es, como medio afinado para que la química resurja entre dos personajes tan perdidos como lo hemos podido estar nosotros mismos en algún momento de nuestra vida… pero que al fin y al cabo, solo necesitan reconectar para recuperar el equilibrio.

Una apuesta y una propuesta irresistibles, porque tienen la nada despreciable habilidad de mirar de frente al ser enamoradizo que, con más o menos potencia, late en nuestro interior. Porque al final, será el amor el que nos salve. El que sentimos hacia esa otra persona… y el que le dedicamos al cine, por supuesto.

Foto de portada: Una vez más (Guilleromo Rojas). Foto: Curro Medina.


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