Esther Lopera
21 Abr 2019 - Esther Lopera

El Domingo de Resurrección analizamos ‘Cementerio de Animales’, el remake de una de las mejores historias de Stephen King. Esa que dejó a toda una generación obsesionada con la muerte y el más allá

En tiempos de resurrección de santos, desenterramos el clásico de 1989 Pet Sematary, basado en un relato de Stephen King y bautizado en España (con bastante atino) como Cementerio viviente. Treinta años más tarde, Kevin Kölsch y Dennis Widmyer nos presentan el remake (esta vez traducido literalmente), y consiguen resucitar una de las historias más icónicas del cine fantástico de finales de los 80.

Cada vez que leemos un spoiler de un film de terror muere un gatito. Y como no queremos ver más gatitos muertos que el protagonista de este film (tranquilo, es el único spoiler que vamos a hacer), intentaremos no explicar con demasiado ahínco los detalles para que tú, fan del clásico de Stephen King, te sorprendas.

Empezaremos recomendándote que NO veas el tráiler español del remake, porque a la distribuidora no se le ha ocurrido otra cosa que introducir en la promoción todas las sorpresas con las que cuenta Cementerio de animales (y no son pocas).

Fans de la historia de Maine

Cementerio viviente cuenta la historia de Louis Creed, un doctor que se muda con su mujer Racher y sus dos hijos pequeños desde Boston a un pueblecito de Maine. Cerca del nuevo hogar de la familia descubrirá un cementerio de animales y un misterioso terreno indio escondido entre los árboles.

Cuando la tragedia llega, Louis hablará con su nuevo vecino, Jud Crandall, desencadenando una peligrosa reacción que desatará un mal de horribles consecuencias. El reparto de la película cuenta con Jason Clarke, Amy Seimet y el gran John Lithgow, que protagonizará gran parte de los guiños al film del 89.

Un hito del cine de terror

La película original estaba dirigida por Mary Lambert y supuso un hito del cine de terror y una de las mejores adaptaciones de las novelas de King. De hecho, el célebre escritor se encargó de hacer el guion e incluso podemos verle en la película, marcándose uno de sus habituales cameos encarnando a un reverendo.

Lambert supo cómo rodar la historia del doctor Creed y consiguió que los miedos que se retratan en el film se metieran bajo nuestra piel. Los directores del remake cogen ahora el testigo de Lambert, demostrando que son -sin duda- sus primeros fieles, una máxima que el espectador detecta desde los créditos iniciales.

Para abarcar el escalofriante relato de King, rescatan el terror que ellos mismos debieron pasar en su momento y lo llevan a la actualidad huyendo del efectismo. Si bien los remakes suelen introducir nuevas técnicas cinematográficas, Kölsch y Widmayer optan por mantener el clasicismo del maquillaje y los efectos visuales propios de los 80, depurando la técnica pero sin perder la naturalidad que ofrecían.

Esta acertada decisión se suma al juego que establecen con el espectador desde el primer plano, retándolo a esperar los momentos clave del film -que son ya todo un icono- para darles una vuelta de tuerca. El objetivo es sorprender al fan sin prostituir con demasía la historia original. Y ojo, que lo consiguen.

La familia, la muerte y la religión

Las máximas constantes en las historias de King salen reforzadas en el remake. Conceptos como la familia, la muerte y la religión, presentes en otras obras maestras literarias como Carrie o Dolores Claiborne, se establecen aquí como valores instaurados en los personajes, con los que se deberán enfrentar.

En especial, el interrogante sobre lo que hay más allá de la muerte y cómo retar al destino, lo que transformará al protagonista en el único Dios de su familia. Esto es lo que le ocurre al buen doctor, un buen samaritano que lucha contra sus creencias religiosas para volcar toda su fe en el amor a su familia, la única fuerza que consigue llevarlo a la oscuridad.

El amor, su perdición

Su amor será su perdición y su perdición vendrá disfrazada de amor. La estructura familiar se verá disuelta. Kölsch y Widmyer, además, coquetearán con una idea interesante y nueva: ¿se puede convivir con un ser de otro mundo? ¿Puedes amar de igual manera a un retornado?

Estas preguntas se han planteado con éxito en la serie francesa Les Revenants o incluso en algún capítulo de la aburrida The Walking Dead. Un camino que se dibuja pero no se persigue en este remake.

Lo mismo ocurre con la historia del cementerio de mascotas: los directores intentan indagar sobre una nueva comunidad de retornados, que aparecen tapados con máscaras de animales, y que podrían gobernar un nuevo mundo. La trama se queda en solo una idea que no se desarrolla y que incluso llega a ensombrecer la historia original.

El sentimiento de culpa

La culpa, otra de las constantes del autor, se presenta en Cementerio de animales en forma de pesadilla. Racher, la mujer del doctor, deberá enfrentarse a sus temores sobre la muerte, a través del recuerdo de su hermana fallecida hace años.

Las escenas del film original que persiguen mostrar este miedo son las más escalofriantes. Ninguno de nosotros ha olvidado esa espalda extraña de Zelda, de la que parece asomar, sin éxito, una especie de Alien. La nueva entrega no consigue aterrorizarnos tanto en este punto y es, seguramente, porque explotan demasiado pronto esta historia y los pequeños cambios que introducen no suman.

Cazando guiños

Como en todo remake que se precie, este también se nutre de los guiños que los propios directores hacen al film original de forma descarada. Es quizás lo más divertido y acertado de esta cinta.

Los directores repiten algunas escenas plano por plano, que acompañan con las frases que nos han atormentado, jugando con el fenómeno fan desde el minuto uno: “A veces es mejor estar muerto”, “La tierra del más allá es amarga”, “La tierra del corazón del hombre es pedregosa”…

También mantienen la banda sonora de los Ramones, el grupo del que Stephen King es fan acérrimo y que compuso el hit Pet Semetary para la ocasión. Tampoco prescinden del tema Sheena is a Punk Rocker, clásico que canta el conductor del temible camión que cambiará la apacible vida de la familia y que todos escuchamos traducida al español en el film de Mary Lambert.

Somos muchos los que hemos fantaseado con enterrar a nuestra mascota en un lugar del que pueda volver sana y salva. Toda una generación que ha crecido con la imagen del entrañable Gage subiendo por las escaleras con un cúter afilado, murmullando entre risas macabras: “Ven a jugar conmigo, papá”.

Este remake va destinado a toda esa generación, hijos del cine clásico de terror y devotos de las historias del mejor escritor del género que jamás haya existido. Los directores lo saben y juegan bien sus cartas para que pases un buen rato. Vete al cine, disfrútala y asegúrate de que tu gato no cruce la carretera sin mirar.


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