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Alejandro Ávila

Más de 1.000 personas abarrotaban las butacas del Teatro Jovellanos. El Festival de Gijón había programado un pase especial de Viaje al cuarto de una madre. Y la ópera prima de la directora sevillana Celia Rico logró colgar el cartel de ‘aforo completo’.

Pasaba ya la medianoche del jueves y tras un sonoro aplauso, muchos espectadores permanecieron en sus asientos para dialogar con la realizadora y la protagonista de la película, Lola Dueñas, en un encuentro organizado con Las Comadres, un grupo feminista de Gijón que lucha por la igualdad en el cine.

Para su encuentro de la 56ª edición, era de rigor no solo que eligieran una de las películas españolas del año (atentos a las nominaciones de los Goya y los Feroz –guiño, guiño-), sino una película que lleva el feminismo en su código genético, al centrar el foco en la acción de dos mujeres, una madre (Estrella, Lola Dueñas) y una hija (Leonor, Anna Castillo), que se enfrentan al abismo de la emancipación.

Hay una cuestión que le suelen hacer a la directora: ¿Por qué la cámara no acompaña a Leonor cuando se marcha a trabajar a Londres? “Nunca estuvo en el proyecto como lugar para rodar. Siempre tuve en mente que cuando la chica se va, la cámara se queda”. Una cuestión de punto de vista que era “la base de la película. Me apetecía contar cómo se rellena ese vacío después de que Leonor se vaya, para que podamos empatizar con las emociones de la madre”.

Celia Rico plantea su película como una forma de asomarse “por un agujerito” a la vida de su madre, cuando ella no está delante. “Esta historia la escribo como hija. Al cambiar el punto de vista, la chica adolescente pasa a un segundo plano y ves cómo una madre pasa al primer plano, para dejar de ser madre y convertirse en Estrella. Este juego de roles era, visual y narrativamente, parte del concepto de la película”.

Celia Rico y Lola Dueñas en el Teatro Jovellanos de Gijón

Después de ver la película, muchos espectadores coinciden en sentirse identificados como hijos, como padres… o como ambos. Contaba nuestra colaboradora Marta Jiménez, que tras el estreno mundial en San Sebastián, algunos espectadores corrieron a llamar a sus madres.

“Refleja la relación que tengo con mi madre”

Entre el público, una chica comentaba que se había emocionado mucho, porque le recordaba “a la relación que tengo con mi madres. De hecho, llevo ahora mismo unas botas que me compró ella cuando me fui a vivir al extranjero”.

Según la directora nacida en Constantina (Sevilla), “hicimos un trabajo de conocer muy bien las emociones y todos sus resortes. Conectarse con la emoción, pero depurarlo, para que quedarse en un pequeño gesto. Era un trabajo en dos direcciones, que precisa de un trabajo muy delicado, riguroso, frágil”.

Viaje al cuarto de una madre

Viaje al cuarto de una madre

De hecho, uno de los grandes aciertos de la película es la sutilidad con la que teje las relaciones entre ambas mujeres, basadas en esos pequeños gestos, silencios, palabras quedas.

Lola Dueñas se preparó su papel inspirándose en la madre de la directora. “El personaje no me pega nada, pero Celia se encabezonó. Me fui dos meses antes (al pueblo de la directora, Constantina, donde se grabó la película) para aprender a coser. Mi maestra de costura fue la madre de Celia. A partir de ella se construyó Estrella, que es una inspiración para mí en todo. Pasé el tiempo estudiando al personaje, cosiendo y comiendo”, comenta la actriz.

Para Celia Rico Clavellino, uno de los aciertos de la película ha sido precisamente el poder trabajar con su protagonista durante tanto tiempo. “Tuve mucha suerte, porque a veces los actores llegan un poco antes de rodar y no tienes mucho tiempo para preparar su papel. Lola se instaló en el pueblo y pudimos trabajar todo el tiempo. Poco a poco, veía como iba incorporando cosas a su papel y cada vez había más de Estrella y menos de Lola”.

“Me mimetizaba en cosas muy pequeñas”, corrobora Dueñas. Una anécdota que lo ejemplifica. “Un día se compró unas zapatillas en un mercadillo para el personaje de Estrella… y días después me recibió en su piso con las zapatillas de estar por casa de Estrella. Todo eso me ayudó mucho a visualizar el personaje”, desgrana la directora.

Las comadres participan muy activamente en el coloquio. Una de ellas bromea con que “si la película hubiera durado 10 minutos más, la que se va a Londres… ¡es Estrella! Se complementan la una a la otra. Son dos papeles de mujeres normales, que lo bordáis. Ojalá se llene el cine de muchas mujeres así”.

Y Carmen Veiga, que ha moderado el coloquio desde el escenario, apostilla que le gusta mucho la última escena fumando las dos juntas, “porque ya no son madre e hija, sino colegas”.

La transformación de Estrella y Leonor ha culminado.


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