El Centro de Arte Contemporáneo de Málaga reúne los carteles que el pintor Peter Doig hizo para anunciar las proyecciones de su videoclub en Trinidad y Tobago.

juan antonio bermudez
9 Abr 2017
Juan Antonio Bermúdez

A pesar de haberse mantenido durante mucho tiempo alejado de los circuitos mercantiles del arte, Peter Doig (Edimburgo, 1959) es uno de los pintores contemporáneos más cotizados. Hace unos años, una de sus obras más famosas, White Canoe, se vendió en Sotheby’s por casi nueve millones de euros, la cifra más alta pagada hasta ese momento por una obra de un autor europeo vivo.

Su relación con el cine podría definirse en cierto modo como “social”. Entre 2003 y 2011 regentó junto al también artista Che Lovelace, el Studio Film Club, un cineclub en Puerto España, la capital de Trinidad y Tobago en la que pasó gran parte de su infancia y a la que regresó de adulto.

Todos los jueves proyectaban una película de forma gratuita, en un ambiente muy relajado que favorecía que los espectadores la comentasen incluso durante el pase y siempre con entrada gratuita.

La programación estaba compuesta por muchos títulos que no llegaban normalmente a los cines de la ciudad: cine de autor europeo y clásicos de todos los tiempos. Y para anunciar cada pase, Doig pintaba cada semana un cartel, inspirado por la película pero autónomo con respecto al propio cartel promocional del filme.

Esos carteles se exponen ahora por primera vez en España en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) de Málaga, en una muestra comisariada por Fernando Francés: 166 poster, la mayoría verticales, en los que Doig ha ido reflejando y resumiendo de forma muy sencilla la impresión que quería transmitir sobre una película para llamar la atención de sus vecinos e invitarlos a asistir al Studio Film Club.

En algunos casos, el retrato en primer plano de uno de los protagonistas ocupa casi todo el cartel, como en el caso de Penélope Cruz en Volver, de Takeshi Kitano en Zatoichi o de Elizabeth Taylor en la obra que se ha tomado como referencia para promocionar la exposición, a partir de La gata sobre el tejado de Zinc.

En otros casos, se recrea una escena, algunas veces de forma más directa (como en Déjame entrar o en Taxi Driver ) y en otras con tendencia a una mayor fragmentariedad o incluso abstracción (como en Deseo, peligro o en Belle de jour).

Muchas de las características de la obra general de Peter Doig se mantienen de todas formas en estas obras inmediatas, concebidas para un uso publicitario: su impresionismo vitalista y colorido, su gusto por las pinceladas ancha y un apego a la narratividad que casa muy bien con el cine.

En todos los carteles, el título de la película en inglés queda integrado de forma muy clara: en grandes letras irregulares, casi firmadas sobre el cuadro, junto al otro elemento que se repite: la pista necesaria del espacio de proyección, el ya mítico Studio Film Club que da también nombre a esta exposición que puede verse en el CAC de Málaga hasta el 25 de junio de 2017.


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