Pedro Almodóvar en Cannes.
Martín Cuesta
21 May 2019 - Martín Cuesta

El manchego Pedro Almodóvar se erige como gran favorito para hacerse con su primera Palma de Oro. Crónica desde Cannes de Martín Cuesta

Hemos llegado al meridiano de la competición en Cannes y un sólo favorito aparece como destacado en todas las apuestas de los medios oficiales, su nombre es Pedro Almodóvar y, ahora mismo, sería una sorpresa que cualquier otro nombre apareciera grabado en la Palma de Oro de este 2019. Cierto es que aún faltan muchas películas por competir en la Croisette, pero mucho tendrían que remar las restantes para que el director manchego y su emulación cuasi biográfica no obtuvieran, por fin, ese galardón tanto tiempo esperado. La crítica del país vecino siempre ha estado rendida a sus pies, pero hace mucho tiempo que su cine no obtenía una respuesta tan unánime como con Dolor y gloria. En una semana saldremos de dudas.

Fotograma de 'Dolor y gloria', de Pedro Almodóvar

Fotograma de ‘Dolor y gloria’, de Pedro Almodóvar

Del resto de la Sección Oficial, podemos empezar destacando a la francesa Les miserables, un thriller de barrio rodado con fuerza inaudita por el director debutante Ladj Ly. El realizador traslada a la gran pantalla las vivencias de su precario ‘arrondisement’ parisino: los diferentes grupos religiosos, la tensión racial, la brutalidad policial… un cóctel de alta tensión que muestra a una Francia al límite. La visión personal del autor, dado su bagaje biográfico, es el mayor punto a favor de un filme que, a diferencia de otros que han pasado por el certamen cinematográfico, está narrado desde una perspectiva puramente proletaria, la que tiene un conocedor del material con el que se trabaja.

Otra de las destacadas de esta primera semana ‘cannoise’ es la ciencia-ficción distópica de la directora austriaca Jessica Hausner. Su Little Joe traslada con gélida precisión una historia a medio camino entre el thriller futurista y la no-comedia para ‘connoisseurs’. La excusa narrativa: una planta diseñada genéticamente y que es capaz de otorgar la felicidad a los afortunados poseedores de la misma. Si buscan referentes, imaginen una versión modernizada de La invasión de los ladrones de cuerpos, en la que los infectados cambian un poquito, sólo lo justo para levantar las sospechas de los demás.

Una escena de 'Little Joe' de Jessica Hausner.

Una escena de ‘Little Joe’ de Jessica Hausner.

Más allá de la Sección Oficial, es obligatorio hacer mención a la excepcional jornada de cine que vivimos el sábado con el programa doble que formaban la Jeanne de Bruno Dumont y la Liberté de Albert Serra. Dos formas paralelas de exhibir un cine de lo ascético, en cuanto al uso de los recursos narrativos, pero disímiles en cuanto a lo mostrado sobre la pantalla: la espiritualidad exacerbada del biopic de la Doncella de Orleans, Juana de Arco, en el caso del francés, y la exaltación de una sexualidad decadente y corrupta en la del cineasta catalán. Jornadas en la que se exhiben dos filmes de esta categoría compensan la asistencia a un evento cinematográfico de esta categoría.

Un vistazo a las secciones paralelas

Saliendo del Palacio de Festivales, también hemos echado un ojo a lo que se ha proyectado en las secciones paralelas de la muestra. En la Quincena de los Realizadores, nos parece que lo mejor hasta el momento viene firmado por Bertrand Bonello, el hombre detrás de Nocturama y L’apollonide, y que, en esta ocasión, con Zombi Child viaja a la misteriosa Haití para hablarnos sobre el vudú y la magia negra en una historia a caballo entre dos continentes y dos épocas históricas diferenciadas. Un trabajo visual fascinante que deja a la percepción del espectador una conclusión llena de matices.

Escena de la película 'Zombi Child'de Bertrand Bonello.

Escena de la película ‘Zombi Child’de Bertrand Bonello.

Por último, también debemos incidir en la Semana de la Crítica, el espacio que el Festival le dedica a los autores que presentan su primera o segunda película en formato largometraje. Aquí lo mejor hasta el momento ha sido el filme de animación J’ai perdu mon corps, de Jeremy Clapin. La cinta destaca por la variedad de capas de su narración en la que se puede percibir desde un filme de aventuras de corte tradicional hasta una profunda reflexión existencialista.

Buen cine, en definitiva, en estos primeros días de Cannes y una pregunta aún por resolver: ¿habrá alguien capaz de arrebatar la Palma de Oro a nuestro Pedro? En muy pocos días tendremos la respuesta.


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