Banda sonora Jesús Calderón Pablo Cervantes
Ignacio Gutiérrez Torrejón
Ignacio Gutiérrez Torrejón

Se trata de “emplear la música de una forma inteligente que ayude a contar una historia”. Así define la creación de bandas sonoras el compositor sevillano Jesús Calderón. Lo hizo el pasado martes 10 de septiembre en las jornadas los Oficios del Cine organizadas por FilmAnd y la Fundación Cajasol, que en esta ocasión reunió a tres profesionales andaluces de la composición audiovisual: junto a Calderón, comentaron su trabajo y debatieron sobre enfoques creativos y profesionales la compositora malagueña Paloma Peñarubia y el músico sevillano Pablo Cervantes.

Cada uno de estos profesionales andaluces representa tres modos de relacionarse con la música y tres caminos distintos para poner sonido a la narración visual.

De los tres, Cervantes es quien tiene más experiencia y una carrera más consolidada: ha sido nominado tres veces al premio Goya y ha ganado cuatro veces los Premios Asecan del Cine Andaluz. Cervantes se introdujo en la composición cuando apareció un piano en su casa. Ya en la universidad entró en contacto con productoras y empezó a componer sintonías para televisión. A finales de los 90 dio el salto al cine con la película You are the one de José Luis Garci. Actualmente tiene en cartelera o a punto de estrenarse Tierra Solares de Laura Hojman, Cuando los ángeles duermen de Gonzalo Bendala y Jaulas, de Nicolás Pacheco.

La compositora malageña Paloma Peñarrubia ha recibido críticas muy positivas por su trabajo musical en la película Bajo la piel del lobo (Samu Fuente, 2018) su segunda composición para un largo tras Seis y medio de Julio Fraga. Igualmente, Jesús Calderón, sevillano, ya ha desarrollado una amplia carrera como compositor de audiovisuales. Ha compuesto bandas sonoras para animación y documentales, así como para largometrajes más convencionales como Obra 67 (David Sainz, 2013) o El precio del éxito (Jesús Ponce, 2016).

Pablo Cervantes durante su participación en Los oficios del cine.

Pablo Cervantes durante su participación en Los oficios del cine.

Los inicios: creatividad y amor por la música

De formación autodidacta, Peñarubia siempre sintió que una guitarra abandonada en el trastero de su casa la llamaba. Después, inició su proyecto personal Las flores no lloran, de carácter experimental, que le enseñó a “no tener miedo a crear” y al mismo tiempo le permitió crecer musicalmente junto a otros artistas pluridisciplinares  y comenzar a trabajar haciendo música para escenografía, teatro y vídeo arte.

El director Julio Fraga conoció su trabajo en una obra de teatro y contó con ella para su película Seis y medio. “Decidí que el miedo no servía para nada y que realmente era el mismo proceso pero con más pasos y un poco más largo”, comenta.

Por su parte, Calderón siempre supo que su vida profesional estaría relacionada con la creatividad. Se interesó por la música clásica pero pronto le atrapó la música electrónica de creadores como Vangelis o Jean-Michel Jarre. Su inicio profesional en el cine es un ejemplo de cómo forzar las oportunidades: se dedicó a buscar en internet proyectos audiovisuales que estuvieran en fase inicial. “Yo era un inconsciente, pero funcionó”, comenta. Así conoció a Rob Dollase en 2007 con quien trabajó en su proyecto Dry Sky.

Paloma Peñarubia explica su proceso de trabajo para componer una banda sonora.

Paloma Peñarubia explica su proceso de trabajo para componer una banda sonora.

Permanecer en contacto con el sector

Sin una formación reglada y tratándose de un trabajo técnico y creativo, no existe una fórmula para iniciarse en este oficio del cine más allá “de estar en contacto con el sector y conocer a gente que esté haciendo cosas”, como asegura Cervantes, ya que “un trabajo te facilita otro”. No obstante, para el compositor “componer bien no siempre hay es lo primordial”, aclara, hacen falta otras habilidades: “Dicen los ingleses que a veces es mejor ser rápido que ser bueno”, bromea.

En este sentido, la carrera de Paloma como compositora se ha desarrollado hasta ahora de forma muy natural, según explica. “Una vez que ya estás en la rueda y estás en contacto con el sector, mientras más produces más trabajo llega, lo importante es gestionarlo para producir bien y mucho”.

No obstante, para Peñarubia tampoco la música es lo único importante para trabajar en proyectos audiovisuales: “Necesitas saber trabajar en equipo, ser paciente, comunicativo o saber aceptar el discurso del otro”; además de “saber escoger los proyectos”. De hecho, aclara Cervantes, todos los compositores conocidos pasan por un proyecto que ha funcionado y les ha servido de escaparate.

Jesús Caloderón durante Los oficios del cine.

Jesús Caloderón durante Los oficios del cine.

La música no está presente en el rodaje

Respecto al proceso de trabajo y a la relación con la dirección y el resto del equipo, Calderón prefiere estar en el proyecto desde el principio. “No puedes cambiar el guion, pero sí iluminar dónde utilizar la música para ayudar a la narrativa”.

La música forma parte de la postproducción, cuando se monta y se realiza el tratamiento sonoro, según explica Cervantes. “La banda sonora no es solo la música, es un sonido que convive en un espacio limitado”, aclara. “Si se trata de una secuencia en la que hay una autopista con camiones nuestro espacio sonoro es más reducido o al revés, una escena en una cabaña con música no necesita reconstruir el espacio sonoro, los pájaros, el bosque…”.

La composición musical, aunque tenga mucho de trabajo en soledad requiere de una relación directa con el resto del equipo. “Hay un trabajo con montaje para ver las ideas musicales y la duración de los planos para encajar la música”, comenta Peñarubia. Un proceso de creación que se adapta a las circunstancias de cada rodaje: “Si vais con el tiempo justo y todo el mundo trabaja simultáneamente cualquier cambio te afecta a ti”.

Antonio Gonzálo de la SGAE, Pablo Cervantes, Paloma Peñarubia, Juan Antonio Bermúdez y Jesús Calderón.

‘Leitmotiv’, el ladrillo de las bandas sonoras y la clave de los personajes

Uno de los aspectos que acercan las composiciones musicales a la narrativa es el uso del ‘leitmotiv’, que Calderón define como “la forma más útil de integrar la música en la historia”. Es un recurso que viene de la ópera y trata de la relación entre los personajes y los elementos de importancia con una frase musical que los define. “No hay nada al azar, todo está engarzado”, comenta. Una idea que remata Cervantes, “es wagneriano, queda en el espectador de un modo inconsciente, es una herramienta que facilita la interpretación”.

Un ejemplo práctico es el primer trabajo en cine de Peñarubia: “Cuando Julio Fraga me pasó el guion empecé a analizar a los personajes para buscar qué ‘leitmotiv’ o qué energías tenían para distinguir su relación”, comenta la compositora. Para cada personaje utilizó un tipo de instrumentación diferente según sus caracteres y personalidades. “Los personajes van sufriendo cambios emocionales y la música se va transformando y desarrolla el conflicto, se va mimetizando y oscureciendo”.

Algo parecido a su trabajo con La piel del lobo.  “Se trata de una película intimista con muchos silencios que había que respetar ya que trata sobre alguien que vive solo en un pueblo abandonado”.  Una de sus primeras decisiones fue utilizar la instrumentación primitiva, sin sonoridades metálicas, potenciando las cuerdas y la madera para acercarse a la naturaleza, que es también uno de los personajes de la película. “Solo suena un piano muy sutil cuando entra un personaje que forma parte de otro mundo, el mundo civilizado”.

 

Entre la creación la profesionalización

Componer para audiovisual implica no solo realizar bandas sonoras, sino sintonías para televisión, música para publicidad… “Me gusta tanto mi trabajo”, asegura Pablo Cervantes, “que no me importa el formato, lo vivo de la misma forma, el proceso creativo es el mismo”.

Por su parte, Peñarubia que su principal motivación depende de que le proyecto le interese o no, independientemente de lo humilde o grande que sea. “Me tiene que cautivar o emocionar porque eso influye en la creatividad”, afirma.

Una pasión que Cervantes matiza: “Lo normal”, explica, “es que si tenemos una carrera larga solo nos topemos con un puñado de trabajos brillantes, porque es difícil conseguirlos, cuando no te gusta el proyecto hay un primer frenazo, pero somos afortunados de trabajar en esto y hay que buscarle el lado profesional: Morricone tiene cuatrocientos títulos y no todos son maravillosos, de todos los proyectos puedes sacar algo positivo”.


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