Arantxa Echevarría triunfó el año pasado con su primer largometraje, ‘Carmen y Lola’, una película que llegó al corazón de los espectadores y que rindió a la crítica.

Mª Angeles Robles
21 Jun 2019
Mª Angeles Robles

Arantxa Echevarría transmite vitalidad, pasión y altas dosis de sentido común. Está en Cádiz para enseñar a un grupo “heterogéneo de alumnos, que no tenían experiencia previa, pero que están interesados en el mundo del cine”, a desarrollar “la creatividad para contar una historia” a partir de un guion propuesto por ellos mismos y «a convertir ese guion en un proyecto cinematográfico concreto».

La directora quiere que sus alumnos “llenen su mochila de conocimientos” para que salgan del curso sabiendo “cómo hacer todo el proceso de una película y cómo buscar una subvención, cómo financiar, que es lo más difícil”.

Estás enseñando a tus alumnos a empezar en el cine, pero ¿cómo fueron tus comienzos?

A los 18 cuando, cuando comencé a estudiar la carrera de Comunicación Audiovisual, que en ese momento era lo más parecido a hacer cine.

¿Siempre tuviste claro que querías hacer cine?

Desde que tengo recuerdos, sí. Mi madre dice que desde los ocho años quería ser directora de cine. Es que esto es muy vocacional. Si no, lo más seguro es que lo dejes.

Es un trabajo difícil, complicadísimo. Sin tener ningún contacto familiar es muy complicado.  Es un mundo muy pequeño. Se hacen ciento y pico de películas al año en España y hay un montón de gente que quiere hacer cine, que está ahí.

A los 18 años empecé a hacer cortometrajes. Así que llevo desde esa edad viviendo del cine. En concreto vivo de mi trabajo como directora de producción, que es quien coordina el equipo y el dinero para hacer la película.

Un trabajo fundamental para que la película llegue a buen puerto.

A mí me parece un trabajo precioso. Muchas veces los directores se creen que las películas son suyas, pero las películas en las que yo he hecho la dirección de producción pienso que son mías (ríe).

Normalmente te dan el guion y el dinero, y ya está. Tú formas el equipo, buscas cómo hacerlo, e incluso tocas el guion porque muchas veces es imposible llevarlo a cabo con el dinero que tienes. Siempre intentas dar soluciones, ayudas con el casting… Además, es muy creativo. Cuando se habla de dinero parece que no hay creatividad, pero no es así.

Uno de tus primeros trabajos fue el documental sobre el fútbol femenino Cuestión de pelotas, con el que conseguiste un efecto bastante directo. ¿Crees en la capacidad del cine, y de la cultura en general, para transformar la sociedad?

Sí, creo en eso a pie juntillas y Carmen y Lola es también la demostración de esto. Vivimos en una sociedad en la que el problema es pagar el piso, llevar a los niños al cole… Estamos siempre en un centro muy pequeñito en el que estamos muy a gustito. Pero alrededor nuestro pasan muchas cosas, dramas, injusticias sociales.

Cuando hice este documental yo no tenía ni idea de fútbol, no me ha interesado ni me interesa. Pero estábamos hablando de un fútbol de élite, de la primera liga de mujeres. Eran los Ronaldos femeninos y no tenían ficha profesional, no tenían contrato, estaban dadas de alta como limpiadoras del estadio. Eran mujeres que tenían una pasión y una vocación, como yo la tengo por el cine. Y cuando tienes vocación por algo resulta muy duro tener que prescindir de eso.

La gente se quedó pasmada al ver ‘Cuestión de pelotas’

Conseguimos que hablara con nosotros la Real Federación Española de Fútbol, gente muy importante que dijo barbaridades delante de cámara porque pensaba, muy paternalistamente, que estaba bien lo que estaba pasando. Gente que decía que las mujeres ya eran abogadas y otras cosas, y que si también querían ser futbolistas y ganar dinero como los hombres.

Afortunadamente, el documental se pasó en Documentos TV, que en aquellos tiempos (2010) tenía mucha relevancia, y la gente se quedó pasmada. A la semana tuvieron que cambiar las normas de la Federación y hacer contratos profesionales, regularizar la situación.

Curiosamente, en estos momentos se está reivindicando mucho el papel de las mujeres como jugadora de fútbol y sus triunfos abren la sección de deportes de los informativos por primera vez.

Yo creo que está pasando algo que viene de la marea del 8M, que es que las mujeres estamos aquí. Estamos en un papel de reivindicar nuestra posición, que no es de superioridad con respecto al hombre, que es de igualdad. Yo soy feminista y creo que todos los somos porque queremos las mismas oportunidades para nuestros hijos que para nuestras hijas.

Creo que los hombres se tienen que dar cuenta, porque tienen que ser los hombres, que es un error no valorarnos en la medida de lo que hacemos.

Las chicas que juegan al fútbol están en cuartos del final de una competición mundial, ¿cómo no vamos a empezar las noticias con eso? Estamos en un momento en el que o nos dejan pasar o vamos a arrasar como un tsunami.

Este cambio está llegando también al cine. Las directoras empiezan a tener cada vez más fuerza y protagonismo. ¿Cómo lo percibes tú?

Yo creo que el cine es un reflejo de la sociedad y la mujer también se está abriendo campo en estos ámbitos. Además, hay unas maravillosas leyes de discriminación positiva que apoya la creación de mujeres tanto en el guion como en la dirección. Imagino que mucha gente se llevará las manos a la cabeza, pero es que necesitamos este apoyo para que luego surja una normalidad.

He hablado con muchos productores que dicen que no saben dónde estamos (las mujeres), pero ahora que les dicen que si eligen a una mujer directora o guionista pueden optar a más subvenciones sí nos encuentran… Es curioso.

Durante mucho tiempo, hasta que hiciste Carmen y Lola, has estado centrada en el cortometraje, un género que actualmente tiene mucha aceptación y difusión. ¿Qué crees que aporta el cortometraje y que significa para ti trabajar este género?

España es uno de los países más interesantes en cuanto a producción de cortometrajes. Hemos estado en Cannes, en Sundance, y Sorogoyen fue a los Oscars con un corto.

El corto es un mundo. A todos nos han fascinado los cuentos de Cortázar o Borges y eso no significa que tengan que ser necesariamente escritores de novelas. Borges era, sobre todo, cuentista. Son diferentes lenguajes. Es muy difícil hacer un buen corto, contar algo impactante en cinco minutos. Es más fácil desarrollar una historia en hora y media.

Todo el mundo piensa que haces cortos esperando para hacer el largo. Yo soy cortometrajista porque, por ahora, llevo ocho cortos y un largo. Y espero no dejar de serlo nunca.

Con tu primer largometraje, Carmen y Lola, has obtenido un éxito rotundo. Recuerdo en concreto la excelente crítica que le hizo Carlos Boyero en la que decía que era una película llena de verdad… ¿Qué es para ti esa verdad en el cine?

No sabes lo que fue que Carlo Boyero pusiese bien la película (ríe). Tengo la crítica enmarcada. Para mí esa crítica fue más que un Oscar.

Carmen y Lola fue una apuesta difícil y complicada. Por ejemplo, apostar por actores no profesionales era muy arriesgado. Siempre estábamos en una especie de línea entre hacer una película fresca y con mucha verdad o hacer un pastiche ridículo.

La verdad está en la boca de los actores porque estuvimos trabajando mucho con ellos. Yo soy paya, soy vasca… El mundo gitano y yo somos las cosas más separadas del mundo. Trabajábamos el texto y ellos acababan diciéndome “esto yo no lo diría jamás, esto es de payos” o “esta reacción yo no la tendría”. Y les preguntaba: ¿Qué haríais? Así que el guion se transformó en su guion. Ellos transformaron la historia hacia la realidad del mundo gitano.

¿El trabajo con los actores fue entonces fundamental para la película?

Claro. Estuvimos seis meses de casting y seis meses ensayando, que no es muy normal. Al principio lo que hacía era ponerlos en situación y les animaba a hablar, pero era un desastre, no les salía nada. Entonces me di cuenta que necesitaban el texto. Necesitaban una especie de báculo, un camino.

Vas a hablarles a tus alumnos de la importancia del presupuesto. Seis meses de ensayos antes de empezar a rodar… ¿Eso cómo se consigue?

Se consigue gracias a mi productora, Pilar Sánchez Díaz, que es una maga que consiguió que se incorporara pronto al proyecto Orange; y también con el apoyo del Ministerio de Cultura y la Comunidad de Madrid. No hemos tenido mucho dinero, hay que ser sincero, pero teníamos una base. Todos sabíamos hacia dónde estábamos remando. No se trataba de una superproducción de Hollywood y todos hemos puesto más ilusión que dinero.

Hubo un momento en que los actores, en su mayoría gitanos, y el equipo técnico, en su mayoría payos, nos empezamos a sentir como una familia y se creó esa química que nos llevó a sacar el proyecto por encima del dinero. Ya era cuestión de obcecación.

¿Crees que el público nota este ambiente al ver la película?

Creo que toda esa unión se transmite en la película. Toda la naturalidad que tienen las actrices a la hora de trabajar delante de todo un equipo era porque sentían que estaban en familia.

Carmen y Lola es una película que, pese a contar una historia ambientada en una etnia concreta, no cae en el tópico y es muy respetuosa.

Sí, eso fue algo importantísimo para mí porque hay que tener en cuenta que hay ciento cincuenta actores gitanos. No podía hacer nada ni reproducir ninguna situación en la que ellos no estuvieran a gusto porque si no me hubieran dicho adiós muy buenas. Para mí era muy importante ser respetuosa con una cultura a la que admiro y a la que quiero, después de lo que me ha dado y lo que hemos vivido juntos.

Hay leyes no escritas de la comunidad gitana que a mí, como mujer, no me gustan, que me tocan la fibra sensible, pero hay muchas otras que admiro. No me gusta la situación de las mujeres gitanas, pero esa situación también se da en otras comunidades, en pueblos pequeños.

Yo quería que la madre de Lola fuera como mi madre

El personaje de Rafaela, la madre de Lola, yo quería que hiciese de mi madre, una mujer que vivió la guerra civil, que no recibió educación, pero que es una mujer de una gran vitalidad y fuerza.

A mí me decía mi madre que no necesitaba a ningún hombre para hacer nada ni para tirar hacia adelante, pero también me decía: “antes de irte hazle la cama a tu hermano” (ríe). La madre de Lola es igual, lucha por su hija frente al marido pero a la vez quiere que su hija sea “normal”.

Además, tocas un tema especialmente sensible para la comunidad gitana, como es la homosexualidad, y entre dos mujeres todavía más.

Bueno, yo creo que si hubiese sido entre dos hombres hubiese sido más complicado todavía. No creo que lo pudiera haber hecho. Al ser dos mujeres la justificación es que no han conocido a un varón, parece como menos “doloroso” en un momento dado.

Ellas, entre primas, están acostumbradas a besarse en la boca, por ejemplo. Y todos hemos conocido a esa tía que vivía con una amiga desde siempre… La homosexualidad femenina siempre ha estado muy escondida. Pero si hubiese intentado hacer la película sobre dos chicos hubiese sido más complicado. ¿Quién se hubiese atrevido a protagonizarla? Estas chicas no son lesbianas, pero se han atrevido porque han tenido el apoyo familiar, pero coger a dos chicos adolescentes les habría estigmatizado.

Pensé: si la película no triunfa, a estas chicas les he jodido la vida

Con las chicas hubo momentos muy duros. Hicimos el casting por los barrios de Madrid buscando chicas adolescentes y cuando les contaba de qué iba la película me decían que estaba loca, que si salían así en el cine no se iban a poder casar.

Vi a 875 chicas y la 875 fue Rosy, que entró y me dijo: “yo me beso, pero luego escupo” (ríe). Así que imagina. Estas dos chicas (Rosy Rodríguez y Zaira Romero) han sido muy valientes. Nos han dicho de todo rodando, nos han insultado, a ellas las han llamado bolleras. Lo que pasa que la cosa ha cambiado mucho porque las han nominado al Goya a la mejor actriz y han salido en la portada de El País y de Mujer hoy… Pero hubo un momento en que pensé: “si la película no triunfa, a estas chicas les he jodido la vida”.

¿La historia te llega de algún modo o simplemente tú querías hablar sobre este asunto?

Me la inventé, pero basándome en una historia que había leído en El País sobre dos mujeres gitanas que se habían casado en 2009. Me llamó mucho la atención porque salían las dos de espalda, si los nombres, ni siquiera el barrio. Nadie había ido a la boda… Me pregunté cómo sería el primer amor de esas dos chicas.

Con tu larga experiencia, ¿qué recomendación le das a tus alumnos para crear a partir de un guion?

Les recomiendo ser curiosos. Hablar desde el conocimiento. Yo con Carmen y Lola no sabía de la realidad del mundo gitano pero sí que sabía del tema del que habla la película, que es el primer amor.  Me acordaba de mi primer amor, cómo me quedaba mirándole la boca al chico, los detalles… Ese primer amor que hay en la película es el mío y por eso es tan de verdad. Y yo pensaba que nadie había hablado del primer amor con la verdad, porque el primer amor es muy ridículo, muy tonto (ríe).

Yo le digo a los chicos que me hablen de algo suyo. Luego lo pueden trasladar al mundo que quieran, pero que hablen de sentimientos que conozcan. Que sean capaces de hacer sentir y emocionar al actor y al público porque antes les ha emocionado a ellos.


2 comentarios sobre “Arantxa Echevarría, Goya por el largo ‘Carmen y Lola’: «Soy cortometrajista y espero no dejar de serlo nunca»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *