juan antonio bermudez
Juan Antonio Bermúdez

‘El guion, el cine al pie de la letra’, cuarta entrega del ciclo ‘Los Oficios del Cine’ contará este martes 8 de mayo con tres invitados de lujo: los guionistas Rafael Cobos, Ana Graciani y Antonio Onetti. Tras las entrevistas que hemos publicado con los dos primeros, nos acercamos ahora al tercero, un auténtico referente de la escritura dramática andaluza de las últimas décadas.

Onetti, formado en la RESAD de Madrid, trabajó en sus inicios como actor de cine y teatro, antes de consolidar una extraordinaria trayectoria en el teatro y el audiovisual. En televisión, ha sido responsable de los guiones de series tan populares como Padre Coraje, Amar en tiempos revueltos, Amar es para siempre o Perdóname, Señor, y entre sus últimos proyectos está La catedral del mar, esperada adaptación del best-seller homónimo de Ildefonso Falcones que se emitirá muy pronto en Antena 3. En cine, ha escrito varias películas para Miguel Courtois: Lobo (2004), Gal (2007), Operación E (2012)… Y ha colaborado también con directores como Antonio Gonzalo (Una pasión singular, 2002) o Miguel Hermoso (Lola, la película, 2007).

 

¿Cuál ha sido tu relación con la escritura en general? ¿De dónde te viene esa vocación?

Me gustó escribir desde niño, supongo que es una cuestión de carácter, la necesidad de expresarte, el gusto por la soledad y la autonomía, etc., pero cuando conocí el mundo dramático encontré el medio que mejor encajaba en mi manera inventar historias. Descubrí el cine y el teatro y decidí que quería comprender sus reglas para contar lo que me preocupaba del mundo que me rodeaba de una manera artística.

Imagen de 'Padre Coraje', miniserie escrita por Antonio Onetti y dirigida por Benito Zambrano

Imagen de ‘Padre Coraje’, miniserie escrita por Antonio Onetti y dirigida por Benito Zambrano

En su caso, te formaste en la RESAD, ¿crees que hay alguna formación específica que debe seguir la persona que quiera dedicarse de forma profesional a escribir guiones?

Mi formación de actor me ayudó mucho a comprender los mecanismos dramáticos desde el punto de vista de los personajes, pero la formación del escritor dramático pasa también por conocer la dirección (en cine y teatro), la puesta en escena, y sobre todo la dramaturgia universal. Lope, Aristóteles, Chejov, Brecht o Beckett fueron sentando las bases sobre la que se desarrolló todo el teatro moderno. Yo tuve la suerte de poder estudiar dirección y dramaturgia con gente muy sabia y generosa, que me dio herramientas para crecer. En el caso del guión, creo que además hay que conocer los oficios del cine, comprende el montaje, la elipsis, la estructura cinematográfica, incluso el mercado del cine. Todo ese conocimiento permite mejorar, pero, para mí, lo que más ayuda a desarrollar una escritura original es sobre todo mirar el mundo y tratar de comprender las causas y las consecuencias de los hechos, las motivaciones y los sentimientos de los personajes. En definitiva, imitar la vida y no el arte.

 

El guion es una de las disciplinas cinematográficas sobre las que más se ha teorizado, quizá la que más. ¿Es útil seguir lo que cuentan los manuales? ¿Recomendarías alguno en particular?

La técnica es fundamental, y eso es para lo que sirven los manuales, porque sin técnica, es casi imposible acertar en una estructura capaz de expresar tus propósitos de manera certera, siendo a la vez atractiva e interesante para el espectador. Pero ojo, por mucho que se domine la técnica, si no hay ideas interesantes no hay nada que contar. En cualquier caso, para mí, el mejor manual será siempre la Poética de Aristóteles, que es en lo que en el fondo se basan todos los manuales, cada cual con sus matizaciones. Si te olvidas de la especificidad de la tragedia griega y extrapolas a nuestro tiempo, te das cuenta de que ahí ya estaba todo

 

Más allá de la formación, ¿qué recomendarías a alguien que quiera dedicarse a escribir para el audiovisual?

Que lea buena literatura y vea mucho cine, que vaya a conciertos y museos, que se empape de la obra de los grandes artistas de todas las disciplinas para desarrollar su sensibilidad y aprender de sus obras, que no se encierre en su mundito interno de escritor y salga a la calle a observar a las personas, a tener experiencias, a entender qué está pasando, por qué la gente hace o deja de hacer las cosas, cuáles son los conflictos que afectan a los seres humanos de carne y hueso, y que saque sus propias conclusiones, porque otra de las cosas más importantes para un cineasta es crear su propio punto de vista del mundo y ser honesto en su manera de expresarlo.

 

A lo largo de tu trayectoria en el audiovisual, has trabajado en diferentes registros (documental, biopic, docudrama, ficción…) y en diferentes formatos (cortos, largometrajes, series…). ¿Te sientes más cómodo o más realizado en alguno de ellos?

No especialmente. Cada uno impone unas reglas concretas para su composición, y eso me parece muy atractivo, porque concibo la escritura como creación de lenguajes, búsqueda de la manera concreta y específica de escribir cada historia en su formato, en su género. He escrito teatro, cine y televisión en la mayor parte de los géneros y cada escritura ha sido una aventura diferente. Esa variedad es especialmente divertida.

Fotograma de 'El Lobo', dirigida por Miguel Courtois con guion de Antonio Onetti

Fotograma de ‘El lobo’, dirigida por Miguel Courtois con guion de Antonio Onetti

¿Y hay algún guion en concreto del que te sientas especialmente satisfecho?

Bueno, no puedo negar que esté muy satisfecho de Padre Coraje, El lobo, Operación E, pero mi preferido suele ser siempre el último que he escrito, y de ese (de esos) aún no puedo hablar.

 

En la televisión, sobre todo en las series, se suele trabajar en equipo. En esos casos, ¿hay que reprimir mucho el ego del escritor? ¿Es uno de los problemas que puedes haber encontrado algunas veces como coordinador de un equipo de guionistas?

Lo del ego se arregla rápido; si un guionista no puede trabajar en equipo, incluso aceptar su jerarquía -que la hay, como en todos los oficios del audiovisual, porque alguien tiene que tomar la última decisión-, entonces a otra cosa mariposa. El verdadero problema es la capacidad de adaptación del guionista de equipo al espíritu general y al estilo de la serie. Cuando formas parte del grupo que lo está creando de cero es más fácil, porque tú eres parte del impulso original y tus aportaciones cuentan desde el principio y alimentan las de los demás. El verdadero problema es cuando te subes a un carro que ya está en marcha, cuando te llaman para participar en la quinta temporada de una serie consolidada. Eso es mucho más difícil y no todo el mundo encaja.

 

Tus comienzos como actor cedieron pronto ante tu faceta de dramaturgo y guionista, pero de vez en cuando te hemos podido ver en pequeños papeles en algunas de las series o películas que has escrito. ¿Echas de menos haberse dedicado más a la interpretación?

– No, no lo echo de menos, sobre todo porque son dos maneras de vivir opuestas. Y yo prefiero estar solo en casa trabajando diez horas diarias a pasarme la vida rodando o haciendo giras en cualquier parte. A la gente del cine le gusta repetir la frase de Buñuel: “Como fuera de casa en ningún sitio”. Los escritores estamos en las antípodas de ese sentimiento. Necesitamos nuestro refugio, soledad, tranquilidad. Admiro profundamente a la gente que puede compaginar ambos oficios, y además dirigir, como Woody Allen. Por otra parte, precisamente porque una parte de mí se considera actor, sé la disciplina y el entrenamiento diario que requiere la interpretación. Para mí es como tocar el violín, solo que el violín eres tú mismo, y tienes que estar permanentemente afinado. Eso es tan duro como ser atleta de competición.

¿Cómo ves el cine andaluz actual? ¿Podrías decirnos algo positivo y algo que deba mejorar para que su actividad sea más estable?

Me encanta, así no se me ocurriría decir nada por si alguien me hace caso y lo empeora. Otro tema es la televisión. Echo de menos más ficción televisiva andaluza, pero eso depende directamente de la inversión de Canal Sur, que ha ayudado más al cine y ahí están los resultados. Hay autonomías que han invertido mucho en series de todo tipo, sobre todo para potenciar las otras lenguas del estado, y como resultado han fortalecido la industria, lo que siempre es positivo. Lo que ha hecho la gente del cine en Andalucía en la última década me parece heroico; envidio mucho a la generación que lo ha hecho posible, porque en mis tiempos yo me sentía muy solo y era difícil quedarse y ser un profesional al mismo tiempo. En resumen, creo que tenemos el mejor cine andaluz de la Historia. Y que siga así.

 

Para terminar, ¿podrías citarnos algún guionista al que admires especialmente? ¿Y algún guion que consideres un buen referente para quien quiera dedicarse a este oficio?

Hay muchos, pero si me dan a elegir, en comedia me quedo con los guiones que Billy Wilder escribió con Diamond (El apartamento, Con faldas y a lo loco, etc), o cualquiera de la época dorada de Woody Allen, y en drama, con los que Costa Gavras escribió para sus películas con otros guionistas (Z, Missing, Estado de sitio). Esta elección no es casual. Salvo en el caso de Allen, guionista y director, los otros dos eran directores que escribían con los mismos guionistas más o menos de manera regular o durante largos periodos de colaboración. Mi conclusión es que los grandes directores lo son, entre otras cosas, porque han tenido detrás a grandes guionistas y trabajan con ellos, y  que ningún gran guionista ha pasado a la historia sin encontrar los directores adecuados con los que entenderse. Y no hay que mirar muy lejos para encontrar buenos ejemplos.


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