Antonio Hens ha presentado en el Festival de Málaga su nuevo largometraje de ficción, ‘Mi gran despedida’, un retrato de la sororidad y la franqueza femenina, ambientada en una despedida de soltera en Cádiz

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28 Ago 2020
Alejandro Ávila

El cineasta cordobés Antonio Hens ha estrenado dos producciones en la histórica 23ª edición del Festival de Málaga. Por un lado, ha producido y codirigido con Antonio Álamo) Mi gran despedida y, por otro, ha producido el documental La Zaranda, teatro inestable (Germán Roda, Venci D. Kostov).

En Mi gran despedida retrata esa sororidad que se fragua «en baños y reuniones de chicas», en este caso en una disparatada y tensa despedida de soltera, en la que todos los conflictos saltan por los aires, con un detonador común: los micro (o macro) machismos que este grupo de mujeres sufre cada día.

Escrita por Antonio Álamo y Verónica Sosa, el origen de de Mi gran despedida es un taller de teatro donde una veintena de mujeres gaditanas demostraron muchas tablas para actuar, cantar y bailar. «Cádiz tiene su idiosincrasia y un poderío cultural muy potentes… no es normal que todas canten y bailen tan bien», confiesa Hens.

¿De dónde parte este guion, cuál ha sido el trabajo con el codirector y guionista Antonio Álamo?

El guion parte de una idea de Antonio Álamo, que se acabó llamando Mi gran despedida. De alguna manera, nace después del trabajo en teatro con personajes femeninos. Somos muy amigos, normalmente nos intercambiamos los materiales. En este caso, me pasó el guion y me preguntó si quería dirigirlo. La verdad es que me apetecía mucho. Durante la preparación, lo pasamos muy bien y decidí ofrecerle que lo codirigiera. 

¿Y cómo ha sido la experiencia de codirección?

Divina, porque lo hemos pasado muy bien. Como no teníamos compromisos comerciales, el objetivo era pasarlo bien, hacer cine como esos amigos que juegan al fútbol juntos. La película tiene una dimensión diferente, porque Antonio es dramaturgo, viene del mundo del teatro y, por esa razón, hemos aplicado muchas técnicas más teatrales que cinematográficas. 

La película nace de un proyecto muy particular, un taller de teatro con 40 mujeres. ¿Cómo ha sido ese trabajo?

El taller era uno de los elementos para la película. Tiene cuatro personajes principales: Sara, Milagri (La cuñada), Puri (La prima) y Lucía (La hermana del novio de la prima). Pero hay un quinto: el coro de mujeres que está en el convite. Para formar ese coro y que tuviera una unidad, decidimos crear un taller y elegir de ahí. Eran 40 mujeres y elegimos a 21. No fue solo un taller para la selección, sino que se empezaron a plantear situaciones que estaban en el guion. A través de improvisaciones que les proponíamos, se daban una serie de situaciones, que luego las volvíamos a transcribir y las incorporábamos al guion.

¿Por ejempl0?

La película no tenía música cantada en directo, pero estas actrices gaditanas, aparte de improvisar, cantaban muy bien y eso se convirtió en parte del relato.

Cádiz tiene un gran protagonismo, no solo como escenario, sino como esencia y cultura.

He descubierto la ciudad durante los dos meses de rodaje. Cádiz tiene su idiosincrasia y un poderío cultural muy potentes… no es normal que todas canten y bailen tan bien. 

¿Es un retrato de la solidaridad entre mujeres, de la sororidad?

Esa sororidad siempre ha existido. Es la que se fragua en los baños y en las reuniones de chicas. Hablan con un nivel de franqueza que normalmente no exhiben cuando hay hombres delante. Eso es lo que se da. También hay un retrato del convencionalismo en el comportamiento de muchas de estas mujeres y la necesidad de rebeldía.

En tu filmografía hay varias obras catalogadas como cine LGBT, ¿has aplicado alguna de sus temáticas en esta película?

Hay momentos muy íntimos de las mujeres, cosas que normalmente no dicen, pero que piensan. Referencias explícitas a la genitalidad, que parece que es algo solo de hombres. Esa manera abierta, sin tapujos, es la que se ha trasladado a esta película. En cualquier caso, me negaría a catalogarla como cine de mujeres. No significa que, para hablar de mujeres, tengas que ser mujer.

Uno de los descubrimientos de la película es la actriz Rocío Marín, ¿de dónde surge?

La habíamos descubierto a través de Antonio Álamo, que había contado con ella en una obra de teatro. Su asimetría física, su particular belleza y su vis cómica la hacen una actriz muy excepcional. 

Háblame de tu otra película programada en el festival que, en este caso, produces, La Zaranda, teatro inestable.

La Zaranda es la compañía de teatro más longeva de España en activo. Son jerezanos, han cumplido 41 años y son Premio Nacional de Teatro. Son una de las compañías más prestigiosas. La película documenta su técnica de teatro, ya que nos dejaron meter las cámaras en su sala de ensayo, una nave grande de Jerez. El objetivo era testimoniar su siguiente producción: El desguace de las musas. Rodamos durante tres meses en etapas diferentes, para testimoniar una técnica muy elaborada y hacer una reflexión en el teatro. 

Después de su aplazamiento, ¿con qué espíritu afrontas esta 23ª edición del festival?

Hay que reconocerle a Juan Antonio Vigar el ímprobo esfuerzo para que el festival tuviera lugar, en las mejores condiciones de seguridad posibles. Y estoy viendo que, aunque los aforos están un poco vacíos por dejar asientos de seguridad, la ciudad está respondiendo con mucha pasión.

¿De qué manera ha contribuido el festival al desarrollo de la industria andaluza y malagueña?

Después de mucho tiempo, el festival ha conseguido que la ciudad participe y que se convierta en un festival de referencia de cine español y en español. El impacto siempre va a ser más limitado, porque las productoras más grandes están en Sevilla, pero creo que el festival protege a su pequeña industria, mediante estrenos en la sección Málaga Premiere y en la sección de cortometrajes malagueños.

¿Qué crees que puede aportar la Academia de Cine de Andalucía, presentada en el Festival de Málaga, al sector audiovisual andaluz?

Hasta ahora la promoción que ha tenido el cine andaluz, en cuestión de premios, ha residido en Asecan, que son escritores que escriben sobre cine. Ahora es el sector, los técnicos, los que se unen para reconocer nuestro propio trabajo. Está muy bien que exista la Academia y que sean los técnicos los que los otorguen.


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