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25 Mar 2019 - Alejandro Ávila

La cineasta sevillana reside en Múnich, ha estrenado película en la Berlinale y trabaja ya con Araceli Carrero en su próximo proyecto, sobre un artista andaluz en busca de la libertad

Amparo Mejías es sevillana, pero reside en Múnich. Tras estudiar comunicación audiovisual en Madrid, quería continuar sus estudios en Portugal, pero su conocimiento del idioma (lo aprendió en el Colegio Alemán de Sevilla) le llevó a Alemania del Este.

Es, en fin, una mujer de mundo y una directora formada en una de las escuelas de cine más prestigiosas del planeta, la Universidad de Televisión y Cine de Múnich, ciudad donde vive con su pareja y dos hijos. En la última edición de la Berlinale, fue la editora de Easy Love (Tamer Jandali), la película que inauguró la sección de cine alemán del festival berlinés.

Tras dirigir A quien conmigo va, un documental sobre la crisis económica en España, ha decidido compaginar la maternidad con el montaje de películas de otros cineastas. Un tiempo que también está empleando para escribir un documental producido por otra sevillana, Araceli Carrero, sobre un artista andaluz en busca de la libertad. Será la película que le permita volver a rodar en España. Será su regreso como directora.

 

¿Cómo comenzaste tu carrera en el cine?

Estudié Comunicación Audiovisual en Madrid y solicité la Erasmus para Portugal, pero terminé en Halle (Alemania), donde hice mi primer documental como montadora, que iba sobre el asesinato de sintechos en Colombia. Tuve la suerte de que me aceptaran como estudiante de dirección de documentales en la Escuela de Televisión y Cine de Múnich. El idioma me trajo aquí.

Amparo Mejías

La Escuela de Cine de Múnich es una de las más prestigiosas del mundo. ¿Por qué?

Allí te dan clase cineastas de la talla de Wim Wenders o Caroline Link. Tienes que hacer cuatro películas para graduarte y hay estudiantes que se pegan hasta 10 años. Te dan muchos medios y la gente tira muy alto. No se lo toman como algo muy técnico, sino que lo usan como trampolín, intercalando los proyectos profesionales con los estudiantiles. A partir de la tercera película, puedes buscar producción con televisión, además de contar con las mejores cámara del mercado, ya que estamos en la región de Arri.

 

¿Y cuál dirías que es la mayor enseñanza que te proporciona la escuela?

EL documental te obliga siempre a relacionarte con la realidad. Se aprende mucho haciéndolo, porque tienes que retratar la vida y la vida no se deja controlar. Te hace crecer mucho como ser humano y te educa a ti como persona.

Amparo Mejías en rodaje

En tu caso, parece que el tema de la maternidad es recurrente.

Mi primera película fue un corto de 16 mm en blanco y negro. Era el retrato de una madre actriz y el tema de la maternidad siempre sale en mi película. Me interesa el papel de la mujer y la familia como sistema, por el poder de transformación que tenemos dentro del círculo familiar. En la búsqueda de mi propia feminidad, busco ejemplos en ellas.

 

¿Consideras que la libertad es otro tema muy presente en tus películas?

La libertad es un tema que me llama mucho la atención. Quería rodar con la cantante Concha Buika, pero no conseguimos cuadrarlo. Así que quise hacer algo comprometido con España, ya que, al vivir en Alemania, me sentía muy frustrada por la manera en la que se percibía la crisis aquí. Quería entender las estructuras de poder. La hice con Araceli Carrero, se llama A quien conmigo va y se presentó en DocumentaMadrid y los festivales de Aljazeera, Viena o Múnich. Fue un proyecto muy comprometido.

 

¿Por qué has encaminado ahora tu carrera cinematográfica por el montaje?

No tienes que luchar por los proyectos, sino que son encargos que me permiten trabajar en el tipo de películas que me gustan, ayudando a otros cineastas a hacerlas bien, sin tener que luchar durante cuatro años. Es una manera de luchar contra la precariedad.

Creo que en esa decisión ha pesado tu maternidad. ¿Es posible la conciliación en el cine?

Es un asunto muy grave. Sufro con mis propias decisiones, porque considero que no tengo que dar un paso atrás. Pienso que las mujeres tenemos que contar nuestras historias y que eso es muy importante para la sociedad. En cualquier caso, lo positivo de todo esto es que todas las personas que me ofrecen trabajo son padres y madres. Y juntos estamos cambiando el sistema de trabajo.

 

¿A qué te refieres?

Los rodajes son intensivos pero limitados en el tiempo, pero la segunda fase, la edición, se puede trabajar seis horas al día, no diez. Hay que buscar estrategias. El problema es el alquiler de estudio, pero en Baviera se puede poner en el presupuesto, como gasto, el cuidado de los niños, a la hora de pedir ayudas. Es algo totalmente nuevo.

 

¿En temas de igualdad, qué se está reivindicando ahora mismo en Alemania?

La cuota 50/50 (conceder ayudas por igual a cineastas hombres y mujeres), para obligar a las estructuras de poder a un cambio. Es una manera efectiva de cambiar la estructura de poder. Es muy importante que las mujeres cuenten historias que nos permitirán crecer a todos. El carácter femenino se preocupa mucho por el bienestar y es un hecho que sabemos contar historias.

 

¿Gozan las mujeres cineastas del mismo reconocimiento que los hombres?

Ha habido películas dirigidas por mujeres que no han tenido el suficiente reconocimiento en los premios del año pasado, como Lazzaro Feliz (Alice Rohrwacher). No me puedo creer que nos dejen fuera por ser mujeres y no me gusta victimizarnos. A través del movimiento procuota, el feminismo está intentando cambiar las estructuras de poder. Si quieres el dinero de las subvenciones, tienes que producir películas de mujeres. Con los años me he dado cuenta de que ser mujer es un impedimento para hacer cine, a pesar de que somos más que capaces de hacer buenas películas.

 

¿Cómo ha sido tu trabajo en Easy Love, la película que presentasteis en la Berlinale?

Dicen que me meto en proyectos muy complicados. Este era muy difícil, porque no había guion, no era 100% documental, tienes elementos pornográficos y porque se podría decir que es un experimento narrativo. Es la búsqueda del amor y el cariño, a la vez que una búsqueda sensorial. He trabajado con un director muy honesto, que ha seguido sus instintos, que ha contado la historia desde su punto de vista. Y lo ha hecho con mucha frescura y sin complejos.

¿Y de qué manera le has ayudado desde el montaje?

A través del montaje, he ayudado al director a encontrar la esencia de lo que quería. He sacado el jugo de muchas horas de material, porque no había guión. Yo he ayudado a definir el alma de la película, que era lo que él estaba buscando, yo le he ayudado a encontrar la película que él quería dentro del material.

 

¿Cómo ves la situación en España?

A los cineastas españoles les cuesta más sobrevivir que aquí. Todos vivimos con una inseguridad y conozco a compañeros alemanes que han renunciado a una casa o un seguro, pero creo que en España se explota más a la gente. Tenemos sed de historias, pero hay gente que considera que lo que hacemos es un hobby.

Amparo Mejías

¿Te gustaría volver a trabajar en España?

Nuestro trabajo nos permite trabajar con flexibilidad, es una de sus grandes ventajas. Quiero trabajar en España y en cualquier país donde haya proyectos interesantes y gente valiente.

 

¿Y cuál es tu próximo proyecto?

Mi próximo proyecto lo voy a hacer con Araceli Carrero como productora ejecutiva, sobre un artista andaluz. Lo que me atrae del proyecto es la libertad de pensamiento y la falta de complejos del protagonista, que se muestra orgulloso tanto de sus virtudes, como de sus defectos. Los artistas suelen ser un refugio de esa libertad: ese el foco de esta historia. Ahora mismo nos encontramos escribiendo el guion, para buscar financiación este año.


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