Entre la cruda realidad y los sueños extremos. La Berlinale pone hoy el colofón, con su Oso de Oro, a una competición dominada por grandes autores como Abel Ferrara, Hong Sangsoo o Tsai Ming-Liang

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29 Feb 2020
Alejandro Ávila

El cambio ha sido un éxito para la Berlinale. Ya podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el viaje que ha realizado Carlo Chatrian de Locarno a Berlín ha tenido un final más que feliz en un primer año plagado de grandes nombres y excelentes películas. El Oso de Oro, que se desvelará esta tarde, nunca ha estado tan competido en los últimos años.

Siberia. Abel Ferrara

Para celebrar esta gran 70ª edición, el neoyorquino Abel Ferrara no ha dudado en sacar toda la artillería pesada, para conmocionarnos con Siberia. Protagonizada por Willem Dafoe, Siberia podría ser perfectamente el reverso tenebroso de El árbol de la vida de Terrence Malick. Una auténtica pesadilla compuesta por una sucesión de imágenes oníricas que apelan a nuestro subconsciente a través del fuego, el hielo, las cavernas, el sexo, el baile y la violencia explosiva.

Si la obra maestra de Malick nos mecía en un dulce sueño a la infancia, la película de Ferrara nos lleva, a través de sus memorias y creencias, al viaje alucinado de un anciano que presiente su propia muerte y navega a través de sus imágenes y recuerdos. Ferrara, en definitiva, nos mantiene pegado a la butaca esperando, con ansia y fascinación, la locura de la próxima escena.

Irradiated. Rithy Panh

Siberia es un viaje de altos vuelos oníricos -con muchas opciones de llevarse el Oso de Oro-, antes de que el festival nos devuelva con crueldad a la dura realidad. El tramo final de la Berlinale nos ha deparado películas con un fuerte componente de denuncia social y política, más o menos disimulada.

El caso más extremo es el de Irradiated. Su director, el camboyano Rithy Panh, nos sumerge -a través de una pantalla dividida en un tríptico, que combina la imagen documental con la videocreación- en una sucesión de imágenes nada oníricas pero tan estremecedoras (o más) que las planteadas por Ferrara. Panh, que tuvo que huir de uno de los regímenes más represivos de la historia (la Camboya de Pol Pot) es hijo de ese sangriento genocidio.

Irradiated es, por tanto, el fruto de un cineasta que trata de dar sentido y denunciar la maldad, el horror y la inmoralidad de la guerra. Panh demuestra el enorme poder de la imagen para denunciar la barbarie, asemejándose así a la excelente The Art of Killing, que ganó el premio del público en Berlín casi una década atrás.

El director camboyano se aventura a comparar nazismo y comunismo y se pregunta si hay algo más excitante que la destrucción, mostrándonos imágenes documentales de una crudeza extrema, que van desde la tortura al asesinato, pasando por la experimentación animal a las decapitaciones o las amputaciones.  Pocas veces se ha visto en la gran pantalla tal cantidad de imágenes cruentas.

Days. Tsai Ming-Liang

Más sutil, más poética, más potente -quizás- resulta Days, para aquellos que se dejen guiar por la pausada realización de Tsai Ming-Liang. Los largos planos secuencias del cineasta malayo nos invitan a olvidarnos de la velocidad y el estrés de nuestro día a día, para sumergirnos en la cotidianidad de dos hombres: un joven comerciante y un señor de mediana edad, que representan, respectivamente, la clase baja (Anong Houngheuangsy) y la clase media-alta (Lee Kang-Shen) de Bangkok (Tailandia).

A través de los ojos de Ming-Liang observamos sus tareas cotidianas con la sensación mágica de estar presenciando un ritual secreto. Apaciblemente llegamos, después de una hora, al misterioso clímax de los dos hombres:una escena sensual, relajante y emotiva, cargada de injusticia y tristeza. La sutil denuncia de los amores prohibidos encamina a Days, con paso firme, hacia el Oso de Oro.

Dau. Natasha. Ilya Khrzhanovskiy y Jekaterina Oertel

En los círculos más cinéfilos había una enorme expectación con el alucinante proyecto de Dau, una especie de Gran Hermano (con perdón) cinematográfico, que pretende reproducir las condiciones del totalitarismo soviético con actores encerrados durante un par de años en un escenario levantado, a imagen y semejanza, de la Rusia estalinista.

El proyecto, que acumula interminables horas de metraje, ha dado ,como uno de sus primeros frutos, el largometraje de Dau. Natasha, protagonizado por Natasha (Natalia Berezhnaya), la responsable de la cantina de un centro de investigación soviético secreto.

El supuesto ambiente festivo que reina en la cantina entre las camareras y los científicos no es más que el desahogo salvaje de una represión latente, que termina aflorando en el último tramo de la película. El interrogatorio al que someten a la orgullosa camarera es, posiblemente, una de las escenificaciones más veraces de la represión totalitaria que hemos visto en la gran pantalla.

Es un trabajo de interpretación y de pulso narrativo realmente asombro. Su crítica al totalitarismo ruso entronca con el revisionismo histórico que ha florecido en los últimos en los países de Europa del Este y de Rusia y que cuenta con Loznitsa (Donbass), como uno de sus más claros exponentes.

There is No Evil. Mohammad Rasoulof

There is No Evil  de Mohammad Rasoulof es una de las denuncias más feroces y explícitas que se hayan realizado contra el régimen iraní y contra uno de los pilares fundamentales de todo estado represivo: la pena de muerte.

La obra está compuesta por cuatro historias, con la pena capital como denominador común, que podrían funcionar perfectamente como cortometrajes independientes. Quizás, habría sido una opción mejor, dada la desigual calidad de las cuatro. La película de Rasoulof arranca con la mejor historia, el día a día de un funcionario, que culmina con un final terrorífico, estremecedor y magistralmente ejecutado.

La segunda historia, sin llegar al nivel de la primera, nos plantea la resistencia de un joven militar que se niega a ejecutar al reo. Como en El verdugo de Berlanga, el funcionario se mueve por el corredor de la muerte con tanta pesadumbre que parece el condenado a muerte. Las siguientes historias terminan perdiendo fuelle, hasta desmoronarse en el cliché manido.

Una verdadera lástima, dado el enorme potencia del tema y el esfuerzo de un cineasta, que, al igual que otros compatriotas como Jafar Panahi, se encuentra recluido por el régimen iraní, un gobierno que no solo vigila las películas que se proyectan en los festivales internacionales, sino que acude a los coloquios posteriores, para informar, llamar a filas y reprimir a su cineastas.

 

Favolacce (Bad Tales). Fabio y Damiano D’Innocenzo

Los jóvenes hermanos italianos perpetran una pequeña travesura cruel con Favolacce. Con aires de fábula y un taimado narrador, los D’Innocenzo se preguntan qué ocurriría cuando los mafiosetes de barrio se hacen ricos -pero tampoco mucho- y se van a vivir a un barrio residencial de clase media y son incapaces de transmitirle una educación en condiciones a sus criaturas.

Favolacce bien podría ser la cara oscura y pesimista de Moonrise Kingdom (Wes Anderson), un lugar donde los niños no se escapan en busca de aventuras, amor y diversión, sino que tratan de imitar, torpemente, a los adultos en juegos como el sexo, el alcohol, la conducción temeraria y otras diversiones mucho más peligrosas.

Bajo la apariencia de normalidad (Hanecke, Bon Yong-hoo…), se esconde una disfuncionalidad asfixiante que solo puede llevar a la tragedia extrema. Una gran idea que termina flaqueando en su ejecución y pulso narrativo.

Never Rarely Sometimes Always. Eliza Hittman

Llegada desde Sundance, la cineasta neoyorquina Eliza Hittman nos impacta con una obra sobre el aborto juvenil construida sobre dos sólidos pilares: el guion y las sutiles interpretaciones deSidney Flanigan  y Talia Ryder. Hittman logra, además, que la realización de Never Rarely Sometimes Always se mimetice con el tema que trata -el aborto y los abusos sexuales-, para consolidar una historia en la que brilla con fulgor su protagonista, Sidney Flanigan (Autumn) y su réplica, el descubrimiento Talia Ryder (Skylar).

El clímax de la obra de Hittman es toda una lección de cine que impacta por su gesto contenido y sus escasos elementos dramáticos. Se trata del cuestionario previo al aborto, en el que la experta interroga a Autumn y esta tiene que limitarse a responder con las cuatro palabras que dan título a la cinta (Nunca, casi nunca, a veces, siempre). La voz, el gesto medido al milímetro y esas cuatro palabras nos revelan y nos hacen intuir, por fin, el profundo conflicto de la protagonista. Una secuencia digna de estudiarse en escuelas de cine.

 

The Roads Not Taken. Sally Potter

Decepcionante. No cabe otra palabra para describir la última obra de Sally Potter: The Roads Not Taken. Bajo la dirección de la cineasta británica, Javier Bardem parece la caricatura de algunos de sus mejores papeles, como No es país para viejos (Hermanos Coen), Biutiful (Alejandro Iñarritu) o Mar adentro (Alejandro Amenábar).

Bardem interpreta a un anciano senil, incapaz de comunicarse y perdido en un laberinto de recuerdos que ni interesan ni conectan con el espectador. Si cabe salvar algo de la obra de Potter es la bella fotografía de los exteriores rodados hace dos años en diferentes localizaciones de Almería, como Cabo de Gata o el desierto de Tabernas. Un triste consuelo.

¿Para quién será el Oso de Oro?

La gala de entrega de premios nos revelará, por fin, quién es el ganador de una competición oficial que ha recuperado la vitalidad, frescura y valentía perdidas en los últimos años del defenestrado Dieter Kosslick.

Todo apunta a que la pugna por el Oso de Oro a la mejor película se dirimirá entre los grandes nombres, como Abel Ferrara (Siberia), Tsai Ming-Liang (Days) o Hong Sangsoo (The Woman Who Ran), aunque cabe la posibilidad de que las norteamericanas Kelly Reichardt (First Cow) o Eliza Hittman (Never Rarely Sometimes Always) sorprendan y se lleven el oso al agua. Casi con total seguridad, el Oso de Oro caerá, por tanto, en manos de un cineasta asiático o norteamericano.

La mejor dirección se la disputarán Tsai Ming-Liang, Hong Sangsoo y Eliza Hittman, que podría llevarse el de mejor guion, mientras que en las interpretaciones brillan especialmente las actrices Sidney Flanagan (Never Rarely Sometimes Always), Natalia Berezhnaya (Dau. Natasha) y Paula Beer (Undine) y los actores Willem Dafoe (Siberia) y Lee Kang-Shen y Anong Houngheuangsy (Days).

CRÓNICAS DE ESTA BERLINALE

Oso de Oro a ‘There Is No Evil’, la dura denuncia de la pena de muerte en Irán

Rojo, azul y amarillo: las aguas salvajes de la Berlinale

Magia y sutileza: cuando el cine rima en Berlín

El Festival de Berlín culmina con amores prohibidos y pesadillas extremas

 


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