Néstor Cenizo
Néstor Cenizo

El Aguacate Film Festival no es un festival al uso. No puede serlo llevando ese nombre, ni separando sus categorías de premios en Vitamina A, B, C y E. Pero, sobre todo, no puede ser un festival al uso porque su jurado no está integrado por académicos de cine, celebridades de la industria o críticos de un medio de comunicación. Eso sí, puede que sean más rigurosos que todos ellos, porque los niños acostumbran a decir lo que piensan sin pasarlo por el filtro de la corrección política o de la cortesía.

En el Aguacate Film Festival, que este año cumple su tercera edición, niños y niñas de 6 a 18 años eligen el mejor de los cortos que se proyectan. Este año se celebrará del 12 al 19 de marzo en Vélez-Málaga y Motril, con el siguiente lema: “Un festival de cine solo para menores”.

Dice César Roldán, director del festival, que los niños no ven la película como un adulto. En un niño la emoción fluye con más naturalidad, y no es tan extraño, dice Roldán, que acaben saltando, gritando, riendo a carcajadas o, como ha ocurrido en alguna ocasión, bailando sobre el escenario: “Cuando el cine genera tanto en el espectador, que es tan pequeño, es muy especial. Tú no ves a un adulto de esa manera en una sala de cine. Ves los rostros iluminados y es muy bonito”.

El cine, una emoción infantil

Roldán tuvo la idea del Aguacate porque a veces recuerda la emoción de las primeras veces en una sala de cine. Ese momento, cuando eres un crío, en el que la luz se apaga y quedas a solas con la pantalla y con la historia. Esa emoción que nunca volverá a ser tan pura. Por eso, hace tres años pensó que sería una buena idea montar un festival en el que el público y el jurado fuese únicamente infantil.

Regresó a su pueblo de la infancia (Motril), buscó un nombre sonoro, gamberro y arraigado en el lugar (el aguacate es una fruta subtropical muy en boga en la costa granadina), y planteó su propuesta a ayuntamientos y patrocinadores privados.

El resultado es un festival que se celebra simultáneamente en Motril y Vélez-Málaga, y por el que este año pasaran casi 7.000 chavales, una marabunta. Los niños y niñas verán 20 cortos previamente seleccionados por los organizadores para cuatro categorías: Vitamina A (niños de 6 a 9 años), Vitamina B (de 10 a 12), Vitamina C (de 13 a 15) y Vitamina E (de 16 a 18). No hay categoría Vitamina D porque no hay Vitamina D en el aguacate.

En el menú, algunos de los mejores cortos del año, porque los niños merecen desarrollar su paladar por el cine con lo más exquisito. Por el Aguacate Film Festival pasó el año pasado Madre (Rodrigo Sorogoyen, 2017), que se quedó a las puertas del Oscar a Mejor Cortometraje de Ficción en 2018. Los mayores pudieron ver Safari (Gerardo Herrero, 2015), estrenado en Cannes, que narra la historia de un chaval que se venga del bullying que sufre. Y este año proyectarán Cerdita (Carlota Pereda, 2018), Premio Goya al Mejor Cortometraje de Ficción en 2019.

Siempre se trata de tramas infantiles o juveniles, o protagonizadas con personajes infantiles o juveniles. El formato de cortometraje permite, además, proyectar varias películas en la misma sesión. “Cuando tienes un pase de cinco historias, si no te gusta una te gustará otra y harás balance. Es difícil salir de una proyección del Aguacate no satisfecho, diría que imposible”, explica Roldán, que alude además a la dificultad creciente de captar la atención de los críos durante mucho rato.

Niños y adultos: criterios dispares

Eso sí: que nadie espere que el criterio de los niños y niñas coincida con el de los adultos. Ellos tienen sus propias expectativas, sus ideas y su propia valoración de lo que ven y sienten, y así se explica que Madre, nominada a un Oscar, ni siquiera ganase su categoría el año pasado.

Fue segunda en Vitamina C, por detrás de Ni una sola línea (Víctor Díaz Somoza, 2017), un corto cómico que empieza contando cómo unas abuelas que quedan para tomar churros acaban planeando un atraco. En Vitamina A ganó Pez (Roberto Campillo), en Vitamina B, Caronte (Luis Tinoco) y en Vitamina E, 17 años juntos, de Javier Fesser, que acudió a la ceremonia de clausura.

Al fin y al cabo, el Aguacate Film Festival también va de cambiar los estatus. Aquí son los menores los que tienen la jerarquía. Son ellos los que se empoderan, hacen valer su criterio y deciden qué película es la mejor.


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