Paco Baños presenta en el Festival de Málaga 522. Un gato, un chino y mi padre, “una aventura hacia la memoria, el pasado y la identidad”

Néstor Cenizo
19 Mar 2019
Néstor Cenizo

El sevillano Paco Baños sorprendió hace ahora siete años con el estreno en Málaga de su opera prima, Ali (2011), la historia de una chica con miedos. Miedo a conducir, miedo a enamorarse… Ali arrasó allí por donde pasó (incluyendo el Premio Asecan a la mejor opera prima), y había expectación por comprobar qué camino toma el cine de Baños.

522. Un gato, un chino y mi padre

El director regresa al festival con su segundo largometraje, 522. Un gato, un chino y mi padre, que ahonda de nuevo en los miedos de su protagonista, Natalia de Molina, una joven atrapada en la cárcel física y emocional de su pasado.De Molina interpreta a George, una chica que vive con su gato Fernando encerrada en un piso sevillano. Sólo en ese mundo, rodeada de sus objetos fetiche (la pala de ping pong, la diana, su póster) se siente segura.

A Portugal con su gato (muerto)

Pero la vida nos zarandea cuando menos se espera, y la muerte de Fernando la empujará a romper los barrotes de su celda. En su viaje Portugal con las cenizas del gato muerto la acompañará un falso chino que también busca respuestas en el pasado.

522. Un gato, un chino y mi padre cuenta una “una aventura hacia la memoria, el pasado y a recuperar la identidad”, según su director, que ha presentado la película este martes, dentro de la sección oficial a concurso. El pasado arroja una sombra y el espectador lo intuye sin percibirlo del todo.

George se va redescubriendo a sí misma (y descubriéndose al espectador) gracias a los reencuentros que le brinda el viaje, hasta ir saliendo sin darse cuenta de la cárcel de su memoria. “El pasado se tiene que quedar en el fado, no en el corazón”, le dicen.

Enfrentarse a sus miedos

“Todo viene de no ser capaz de enfrentarse a miedos que la paralizan”, abunda Natalia de Molina, que soporta el peso de la película, con el contrapunto de Alberto Jo Lee. Cuenta la actriz que las propias elecciones técnicas del rodaje facilitaron que interiorizara la angustia vital que sufre George.

“El tipo de plano es diferente, y tenía la cámara tan cerca que no podía interactuar con mis compañeros”, ha explicado en rueda de prensa. “Había que respirar con la protagonista para sentirla”, ha añadido Baños, que ha llegado a pedir perdón a De Molina por plantarle la cámara en la cara.

Fue el rodaje más complicado que ha hecho nunca, ha admitido la actriz. “Pasaron millones de cosas. Había momentos en que no podía concentrarme bien, todo era como muy agobiante, pero creo que eso lo que hizo fue ayudarme a transmitir cosas que de otra manera hubieran quedado en el aire”. El portugués, por cierto, lo clava.

Que nadie espere encontrar en 522 un tratado sobre la agorafobia. La película discurre más bien en clave metafórica, de modo que el terror que George sufre a los espacios abiertos es la somatización de sus limitaciones emocionales para relacionarse con el mundo. Poco a poco va saliendo de la zona de confort (al principio su casa, después la furgoneta), despegándose de los objetos que le han dado sentido a su vida. “La vida son las cosas con las que te vas quedando”, dice el director. George se libera de las cosas para asumir un pasado que la oprime.

Rodaje en Sevilla de ‘522. Un gato, un chino y mi padre’

Natalia de Molina y Paco Baños, durante el rodaje

En el transcurso de su viaje a Portugal, George se va dando cuenta de que buscando a su padre va a acabar encontrándose a sí misma. El padre es el presente ausente, un personaje representado en el libro que guía los pasos de ella. Baños ha explicado que su padre era portugués, pero ha descartado cualquier intención autobiográfica. “Se podría haber hecho recorriendo la costa de Andalucía hasta Almería. Habla de la desubicación, de estar en otro espacio, de ir de un sitio a otro”, ha aclarado.

Más bien es que le apetecía contar algo sobre Portugal, con sus referencias ineludibles (la saudade, el bigote de los portugueses, Algarve). Eso sí, no podrá negar que el festival atinó programando el 19 de marzo esta película sobre la búsqueda del padre ausente.


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